El mapa de nuestro viaje

A la primera reunión le siguieron otras tantas en las que continuamos hablando de bandas, de músicos, de discos, de recuerdos….Lo que provocó que el espectro musical del documental fuese creciendo exponencialmente.

Esto se escenificó unas pocas semanas después, cuando David (García-Maroto) me presentó un boceto de árbol genealógico en el que se dibujaban las relaciones entre los músicos y las bandas desde su origen, que para entonces ya estaba representado por grupos anteriores a los Buenas Noches Rose o a los Costra.

Eran tantas las referencias musicales que poblaban aquel DIN A4 que se hacía imposible encararlo visualmente sin sentir el vértigo de la ignorancia. Vale, pensaba yo, esto no va a ir de unas cuantas bandas que tuvieron éxito en su día, esto va ir de TODAS AQUELLAS BANDAS de la Alameda de Osuna: Vampira, Blaze, La Caseta del Perro, Café Olé…Aunque desconocía prácticamente a la mayoría de ellas y me pareció una gran idea. Si queremos explicar el milagro, es menester conocerlo desde su misma raíz.

Además, la perspectiva global que ofrece el mapa nos sirvió en ese momento (ahora también), para establecer una de las máximas del documental que, a lo largo del proceso, seguimos a rajatabla: Este documental no va de Leiva, va de Miguel Conejo.

Quiere decirse, que este no es un documental de figuras musicales, es un documental de una ingente cantidad de músicos pertenecientes a un mismo barrio, de los cuales alguno llegó a convertirse en figura musical. Este es un documental que habla tanto del 10% visible para el gran público como del 90% invisible. Habla de todos, porque sólo así se entiende el fenómeno de la explosión musical de la Alameda de Osuna. Porque sólo así se puede entender cómo viven los músicos en este país.

Una vez establecimos que nuestro primer cometido era completar los espacios en blanco del árbol genealógico, entendimos algo primordial: Sólo con la ayuda de los protagonistas de este documental podíamos rellenarlos. Así empezó la aventura propiamente dicha.

Mapa detalle¿Cómo contactamos con ellos? David tenía algún contacto por su faceta periodística y sus propias vivencias y yo por mi faceta musical pero, la verdad sea dicha, no hizo falta tirar de agenda aquella tarde, ya que nos bastó con mirar la agenda musical de aquel mes.

Y es que la mayoría de los protagonistas de “Contemplando el milagro” son músicos que, a día de hoy, siguen en activo. Eso le daba al proyecto un valor añadido que queríamos incluir desde el primer momento: No nos bastaba con entrevistarles, había que grabarles en su salsa, sobre un escenario, en el backstage, en la prueba de sonido…como los músicos que son realmente.

Porque esta gente puede trabajar vendiendo zapatillas deportivas o repartiendo audífonos, pero no nos engañemos, son músicos. Al igual que el 90% de los músicos de este país, viven por y para la música esperando que ella les devuelva como mucho la sexta parte de lo que ellos le han dado.

Pues eso. En un principio, con aquel mapa del tesoro y una agenda musical, todo parecía muy fácil, la verdad.

Luego ya vendrían las dificultades, los tiempos muertos, las entrevistas canceladas, los viajes internacionales, el ir a conciertos a buscar posibles contactos, los desastrosos/maravillosos encuentros inesperados, porque un documental tiene todas estas cosas y mil más.

Pero como digo, eso vendría luego. Primero, fue tan fácil como decir a David: ¿Sabes que tocan Garaje Jack a finales de mes?

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