De Chamberí a la Alameda de Osuna hay un documental de distancia

Mientras iba de camino a la plaza de Tribunal, recordaba la cinta de Cabeza de Canoa que mi hermano tenía en nuestra habitación. Era una cinta con la portada pintada a mano, muy handmade, muy verdad. Entre el millón de reproducciones de los casettes de Neil Young, de vez en cuando, sonaba el sonido grunge, oscuro, intenso de los madrileños.

Iba pensando en ello pues era el único asidero fiable en mi memoria relacionado con el movimiento musical de la Alameda de Osuna. David (García-Maroto), la persona que esperaba a la salida del metro de Tribunal, lo había dejado claro en su mail un par de días atrás: creo que aquí hay una buena historia y un buen documental. Yo no lo veía así o, sí lo veía en cierta manera, pero muy lejano a mí, por lo que no me atraía del todo.

Más allá de haber compartido escenario con Alamedadosoulna en un Festimad o más allá de que Dimitri, bajista de Yakuzas, viviese durante un tiempo allí, no se me ocurría nada que me acercase a la periferia madrileña. Hombre, si a uno le gusta la música, muy mal se tiene que dar para no conocer a Buenas Noches Rose, Le Punk o Pereza. El caso es que de la cinta de Cabeza de Canoa hasta la multitud de fans de Leiva y Rubén Pozo podría haber algo pero no terminaba de encajarlo en mi cabeza. Para mí era un documental “de ellos”. ¿Qué pinta en esto un guionista rockero de Chamberí? Poco o nada pensaba yo al llegar a la plaza.

En resumidas cuentas, David quería hacer un documental sobre la música y otras manifestaciones artísticas en la Alameda de Osuna y yo iba dispuesto a decirle: “Tío, mola la idea pero, la verdad, no veo por dónde coger esto, a lo mejor si llamas a otro…”.

Ya en el Freeway de Malasaña, David describió ante mí el documental que yo esperaba en un principio. La Alameda de la que me hablaba era la Alameda que yo había imaginado: un barrio tranquilo, con gente que se ve y se saluda de buena gana, con gente que bebe cerveza en los bares, con gente que le gusta la música y disfruta tocándola….Ahora bien, David, como buen periodista que es, vistió esa imagen idílica con muchísimos nombres de bandas y músicos como Nico Álvarez, Yoghurt Daze, Pablo Galiano, Garaje Jack Dani “Patillas”, Isaac Rico, Joe Eceiza, Pitu, Guernica… Recordé entonces haber compartido escenario con Nico, con Pitu, con Carbono 14, haber escuchado a Pablo Galiano, el cual nos arrebató el premio Siroco a mejor directo en el año 2014 (no hard feelings)… el factor Alameda se extendía mucho más allá del limbo urbanita en el que se gestó.

¿Sabes esa sensación de que estás en el lugar adecuado en el momento adecuado? ¿Esa sensación que aparece en contadas ocasiones? Pues cuando David terminó de contarme “su historia” de la Alameda tuve esa sensación, porque realmente no era sólo suya, ni de ellos, era la de todos nosotros. Me quedó bien claro que la nostalgia de esos primeros noventa en los que explotó la escena musical de la Alameda no es el fin, es el medio para contar algo mucho más grande y que sigue presente a día de hoy. Basta con echar un ojo a cualquier “guía del ocio” que se precie; rara es la semana que no hay un concierto que no tenga de una u otra manera alguien del citado barrio involucrado.

¿Qué músico no ha compartido escenario con alguien de la Alameda de Osuna? ¿Quién no ha escuchado un disco grabado, producido por algún músico de la Alameda de Osuna?

Estudiando en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid (ECAM), no paraban de repetirnos que la mejor manera de contar la historia de Correos era a través de un sello. ¿No será la historia de los músicos de Alameda la historia de los músicos españoles de nuestro tiempo?

Para contestar a esta pregunta, es necesario detenerse y contemplar el milagro.

En eso estamos.

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